IRRADIACIÓN MÁGICA
“Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí”. — Lucas 8:46
El magnetismo animal o vitalidad es una influencia inherente a todos los cuerpos, aunque se manifiesta con especial intensidad en el organismo humano. Su naturaleza última permanece desconocida, pero la observación constante de sus efectos permite afirmar su existencia como un agente real y operativo. De acuerdo con diversas teorías físicas y vitalistas, este fenómeno se originaría en ondas producidas por la vibración de los átomos que componen cada cuerpo, cuya amplitud y frecuencia varían según se trate de un mineral, un vegetal, un animal o un ser humano. En este último caso, la ondulación magnética alcanza su máxima expresión cuando el equilibrio orgánico y la salud se encuentran plenamente establecidos.
Esta influencia magnética no se limita al ser humano, sino que rodea y acompaña toda manifestación de vida en la Naturaleza. Se ha observado su acción en múltiples procesos físicos y químicos, así como en fenómenos relacionados con el color, la luz, el sonido y el movimiento, donde metales, plantas y animales ejercen una influencia análoga a la humana. El magnetismo aparece así como un principio universal, presente en cada forma de organización vital y en todo sistema que manifieste dinamismo, crecimiento o transformación, confirmando su carácter transversal y no exclusivo de la conciencia humana.
En el ser humano, la ondulación magnética se exterioriza como un movimiento concéntrico que emana desde el interior hacia la superficie del cuerpo. Esta irradiación resulta particularmente activa en ciertas zonas, como los ojos, los dedos, el encéfalo y el aliento, que actúan como focos privilegiados de emisión. La intensidad de dicha proyección parece directamente proporcional a la energía vibratoria del individuo, a su vitalidad general y a su estado psíquico, revelando una estrecha relación entre magnetismo, salud y equilibrio interior.
Desde esta perspectiva, el magnetismo establece un puente entre lo físico, lo vital y lo psíquico, permitiendo comprender cómo la fuerza interna de un individuo puede influir tanto en otros seres como en su entorno inmediato. No se trata de un fenómeno abstracto ni meramente teórico, sino de una realidad observable que condiciona la capacidad de acción, sugestión e interacción del ser humano con el mundo. En el marco del Conjuratorio, el magnetismo es entendido como una base fundamental de las prácticas operativas, integrándose de manera consciente y disciplinada en los trabajos orientados a la transformación, la armonización y la acción sobre los planos visibles e invisibles de la experiencia.