AGUAS CONJURADAS
“Entonces rociaré agua limpia sobre ustedes, y quedarán limpios; de todas sus inmundicias y de todos sus ídolos los limpiaré”. — Ezequiel 36:25
El uso ritual del vino como medio de consagración, alianza y transformación constituye igualmente uno de los elementos más persistentes en la historia religiosa de la humanidad. Desde los cultos agrarios del Mediterráneo antiguo hasta las formulaciones sacramentales del cristianismo, el vino ha sido comprendido no solo como bebida fermentada, sino como sustancia portadora de fuerza vital, sangre simbólica y energía de renovación.
En la tradición bíblica, el vino aparece asociado tanto a la bendición como a la alianza. El salmista afirma que Dios concede “el vino que alegra el corazón del hombre” (Salmos 104:15, Nueva Biblia de las Américas [NBLA], 2005). En el Nuevo Testamento, durante la última cena, Jesús declara sobre la copa: “esto es Mi sangre del nuevo pacto” (Mateo 26:27–28, NBLA, 2005), configurando al vino como signo sacramental de transformación espiritual y comunión sagrada.
Desde la perspectiva comparativa, Frazer (1890/1922) observó que las bebidas fermentadas desempeñan un papel central en numerosos rituales de renovación y sacrificio, subrayando su asociación con la vitalidad vegetal y el ciclo de muerte y resurgimiento (The Golden Bough). El vino, producto de la fermentación —proceso invisible y transformador—, encarna simbólicamente la transición de lo natural a lo cultural, de la uva al espíritu, lo que explica su frecuente investidura ritual.
En el mundo mediterráneo antiguo, particularmente en el ámbito grecorromano, el vino ocupó un lugar central en las libaciones y sacrificios dedicados a divinidades agrarias como Dionisio. Las libaciones vertidas sobre el altar o la tierra no eran simples ofrendas líquidas, sino actos de participación en la fuerza vital del cosmos. El vino, al derramarse, restablecía la reciprocidad entre humanos y dioses mediante un intercambio simbólico de vida.
En el ámbito afroatlántico, Hyatt (1970–1978) documenta el uso ritual de bebidas alcohólicas —incluido el vino— en prácticas de conjure y hoodoo, donde pueden emplearse como ofrenda, vehículo de intención o medio de transferencia simbólica. Un informante señala que ciertas preparaciones “strengthen the work” cuando se vierten en puntos liminales, mientras que otro describe su uso para “carry the prayer through” (Hyatt, 1970–1978), expresiones que revelan la comprensión del alcohol como sustancia activadora y conductora de intención espiritual.
Asimismo, la presencia del vino en contextos de bendición y pacto (cf. Génesis 14:18, NBLA, 2005) muestra su función mediadora entre lo humano y lo sagrado. Estas convergencias sugieren una continuidad simbólica en la concepción del vino como medio de intervención ritual.
Así, el estudio histórico-religioso permite comprender que el uso ritual del vino no constituye una práctica aislada, sino la expresión de un arquetipo profundamente arraigado: la convicción de que la sustancia fermentada —resultado de transformación interna— puede ser investida de intención y convertirse en signo eficaz de alianza, vitalidad y metamorfosis espiritual.
Frazer, J. G. (1922). The golden bough: A study in magic and religion (Abridged ed.). Macmillan. (Obra original publicada en 1890)
Hyatt, H. M. (1970–1978). Hoodoo—Conjuration—Witchcraft—Rootwork (Vols. 1–5). Memoirs of the Alma Egan Hyatt Foundation.
Biblia. (2005). Nueva Biblia de las Américas. The Lockman Foundation.