Adivinación

LAS ARTES y CIENCIAS ADIVINATORIAS

”No apaguen el Espíritu. No desprecien las profecías. Antes bien, examínenlo todo cuidadosamente, retengan lo bueno. Absténganse de toda forma de mal”. – 1 Tesalonicenses 5:19-21

Camillo Miola (Biacca) (1840–1919)
The Oracle, 1880. Óleo sobre lienzo, 108 × 142,9 cm; Acc. n. 72.PA.32. J. Paul Getty Museum, Los Angeles.

La adivinación es una práctica ancestral que combina intuición, rigor simbólico y conocimiento estructurado, desarrollada a lo largo de siglos en múltiples tradiciones culturales. Su finalidad no se limita a la predicción de acontecimientos futuros, sino que apunta a ofrecer claridad, orientación y autoconocimiento, facilitando la toma de decisiones en contextos de incertidumbre, crisis o transformación personal. Desde los primeros sistemas de interpretación de signos naturales hasta métodos formales como el Tarot y la geomancia, la adivinación ha acompañado al ser humano en su búsqueda de sentido, revelando patrones subyacentes de su experiencia vital y abriendo un espacio de reflexión consciente y ordenada.
Esta disciplina puede comprenderse simultáneamente como arte, ciencia y ritual, tres dimensiones que operan de forma complementaria. Como arte, exige sensibilidad y capacidad interpretativa para leer símbolos complejos que reflejan emociones, conflictos y posibles trayectorias de vida. Como ciencia simbólica, se apoya en sistemas estructurados, códigos tradicionales y reglas precisas que garantizan coherencia y fiabilidad en la interpretación. Como ritual, incorpora procedimientos formales que predisponen al consultante y al intérprete a un estado de receptividad clara, fortaleciendo la conexión entre la energía personal y las herramientas adivinatorias empleadas.
El ejercicio adivinatorio se fundamenta en la interacción entre el consultante, el sistema simbólico y el adivino. Cuando el consultante selecciona cartas o figuras sin conocer su significado, activa un mecanismo de elección que refleja sus disposiciones internas, su estado emocional y su contexto vital. El adivino interpreta este conjunto simbólico integrando conocimiento técnico, tradición y percepción intuitiva, revelando patrones que permiten iluminar el pasado, comprender el presente y proyectar futuros posibles. Para preservar la eficacia del método, es esencial evitar información previa excesiva, manteniendo la lectura libre de sesgos y predisposiciones.
En la práctica adivinatoria se distinguen dos niveles fundamentales de receptividad. La receptividad psíquica corresponde a la capacidad del profeta como intérprete directo de la inteligencia y la voluntad universales, accediendo a la decisión inicial de los acontecimientos en los planos psíquico y espiritual, lo que se vincula con la lectura de los registros akáshicos. La receptividad astral, en cambio, se manifiesta como una percepción premonitoria más limitada, propia de clarividentes y psicómetras, que acceden a la fase intermedia de los acontecimientos, aquella que media entre la causa y el hecho consumado. El ideal del adivino es activar conscientemente ambos niveles de percepción.
Dentro del Conjuratorio se emplean oráculos tradicionales que requieren formación, disciplina y sensibilidad interpretativa. El Tarot, compuesto por 78 cartas cargadas de arquetipos universales, representa emociones, decisiones y situaciones humanas fundamentales, permitiendo lecturas profundas y estructuradas. La geomancia, por su parte, interpreta figuras generadas según patrones tradicionales, cada una con significados precisos que, al combinarse, permiten analizar situaciones, identificar obstáculos y sugerir cursos de acción. En esta práctica se utiliza el Antiguo Tarot Italiano de 1880 y la tradición árabe clásica de la geomancia, respetando su coherencia simbólica original.
Una consulta adivinatoria ofrece orientación clara y precisa, ayudando al consultante a reconocer predisposiciones internas, evaluar alternativas y reflexionar con mayor lucidez sobre decisiones relevantes. Aunque los métodos poseen un carácter predictivo, cumplen también una función ordenadora y clarificadora, facilitando la comprensión de patrones vitales y emocionales. La adivinación no sustituye la asesoría profesional en ámbitos como la psicología o la medicina, sino que actúa como complemento para el autoconocimiento, aportando perspectiva y conciencia en el proceso personal.