COMBATIR MALEFICIOS
”Revístanse con toda la armadura de Dios para que puedan estar firmes contra las insidias del diablo. Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes”. — Efesios 6:11-12

Exorcisme Horne, fecha desconocida. Técnica y dimensiones desconocidas. Colección Horne.
El embrujamiento, también denominado maleficio, consiste en la acción dirigida de una voluntad sobre otra persona con la intención de provocar un daño físico, psíquico o emocional. Puede manifestarse de forma inconsciente, cuando surge de pensamientos reiterados de envidia, resentimiento o animadversión sin una intención deliberada, o de manera consciente, cuando existe un acto voluntario sostenido por el odio, el rencor o el interés personal. En ambos casos, su eficacia no es absoluta, sino que depende en gran medida de la receptividad del sujeto afectado. Las personas dotadas de equilibrio interior, firmeza psíquica y claridad mental suelen permanecer inmunes a estas influencias, ya sea por su fortaleza interna o por la acción de fuerzas protectoras invisibles.
El fenómeno que sustenta el embrujamiento es la influencia psíquica, entendida como la capacidad de la mente y de la energía vital de un individuo para incidir sobre el campo psíquico de otro. Esta acción puede generar perturbaciones diversas, como contracturas corporales, crisis nerviosas, estados de ansiedad, alucinaciones o síntomas de carácter histérico. La influencia nociva puede transmitirse por medios verbales, mentales o energéticos, afectando con mayor intensidad a personas emocionalmente sensibles o con una estructura psíquica debilitada. En este contexto, la sugestión malintencionada actúa como un amplificador de desórdenes latentes, fijando el malestar en la conciencia del individuo y prolongando sus efectos.
El desembrujamiento consiste en neutralizar estas influencias mediante técnicas psíquicas, sugestión dirigida y fortalecimiento consciente de la voluntad. Su primera etapa es la limpieza mental, orientada a eliminar pensamientos negativos, temores persistentes y estados emocionales perturbadores, cultivando serenidad, concentración y dominio interior. Este proceso debilita el vínculo que permite la acción del maleficio, al retirar el soporte psíquico que lo mantiene activo. De este modo, la mente recupera su claridad y se restablece un estado de estabilidad que impide nuevas interferencias.
La segunda etapa del desembrujamiento se centra en el fortalecimiento de las fuerzas espirituales del individuo. A través del desarrollo de la voluntad, la disciplina interior y el control consciente de la energía psíquica, se constituye un verdadero escudo protector. Esta protección no depende de rituales supersticiosos ni de intermediarios externos, sino del ejercicio constante de la autodeterminación y de la confianza en las propias facultades internas. Una voluntad firme y bien orientada actúa como una barrera natural frente a toda sugestión dañina, neutralizando su capacidad de penetración y permanencia.
En una fase posterior, se procede a la dinamización de las fuerzas astrales personales, activando el campo energético que rodea al individuo y restableciendo la circulación armoniosa de la energía vital. Esta activación permite disolver los efectos residuales de maleficios persistentes y neutralizar impresiones psíquicas fijadas en el cuerpo astral. El sujeto recupera así su equilibrio emocional, su lucidez mental y su vitalidad, comprendiendo que la verdadera defensa no proviene del exterior, sino del dominio consciente de sus propios estados internos.
En síntesis, el desembrujamiento es una práctica de defensa psíquica y de autocultura espiritual basada en el equilibrio interior, la concentración y la activación consciente de la energía vital. Lejos de apoyarse en supersticiones, propone un camino de responsabilidad personal en el que la mente y la voluntad se convierten en las herramientas fundamentales para preservar la salud física, emocional y espiritual. De este modo, el embrujamiento y su neutralización se comprenden como expresiones de leyes sutiles que rigen la interacción entre las conciencias y los planos invisibles.