MAGNETISMO, HIPNOTISMO Y SUGESTIÓN
”Pero Jesús dijo: «Alguien me tocó, porque me di cuenta de que había salido poder de Mí». Al ver la mujer que ella no había pasado inadvertida, se acercó temblando, y cayendo delante de Él, declaró en presencia de todo el pueblo la razón por la cual lo había tocado, y cómo al instante había sido sanada”. – Lucas 8:46-47

Christ Healing the Mother of Simon Peter’s Wife, 1839. Óleo sobre lienzo, aprox. 173 × 122 cm. Birmingham Museum of Art, Alabama.
El magnetismo y el hipnotismo, que en contextos profanos suelen presentarse como curiosidades accesibles al público o espectáculos de feria, adquieren en la tradición hermética un significado profundamente distinto. Se los comprende como manifestaciones del poder de la voluntad dinamizada, capaz de irradiar energías que actúan tanto sobre la conciencia humana como sobre la naturaleza. El magnetismo opera mediante las fuerzas fluídicas que emanan del ser humano, mientras que el hipnotismo se define como un estado de transición entre la vigilia y el sueño, en el cual la mente se vuelve especialmente receptiva a influencias internas y externas. Ambas prácticas, lejos de ser artificios, se integran a la ciencia esotérica como instrumentos legítimos de autotransformación y de acción mágica sobre el microcosmo y el macrocosmo.
El estudio sistemático del magnetismo y del hipnotismo permite distinguir tres grandes ámbitos de acción del magista. El primero corresponde a la acción sobre el ser humano, donde se inducen estados psíquicos capaces de modificar la percepción, el comportamiento y la disposición vital. Estos fenómenos se producen por la excitación particular de ciertos centros impulsivos y se manifiestan en una ruptura temporal entre la voluntad consciente y los automatismos internos. El segundo ámbito es la acción sobre la naturaleza, ejercida mediante encantamientos, fórmulas y procedimientos rituales destinados a movilizar las energías sutiles del entorno. El tercer campo surge de la combinación de ambos, uniendo la irradiación magnética con el poder operativo de los conjuros.
La tradición hermética enseña que el ser humano no es un organismo puramente material, sino una estructura compuesta por cuerpo físico, cuerpo astral y ser psíquico. Cada uno de estos planos requiere un método de curación específico, dando origen a una concepción de la medicina triple. En el plano físico actúa la alopatía, la medicina de los contrarios, que combate el malestar con medios directos y visibles. En el plano astral opera la homeopatía, la medicina de los semejantes, que trabaja con dosis mínimas y vibraciones afines para armonizar el campo vital. En el plano psíquico se sitúa la medicina hermética, que utiliza la sugestión, el magnetismo y las ideas vitalizadas para intervenir directamente en las causas invisibles de la enfermedad.
Cuando el magnetismo se combina conscientemente con la sugestión y los procedimientos rituales, se accede a un nivel superior de práctica conocido como Medicina Oculta. Esta disciplina no se limita a tratar síntomas aislados, sino que busca actuar simultáneamente sobre el microcosmo humano y el macrocosmo natural, comprendiendo que ambos son reflejos de una misma realidad fundamental. En ella convergen las artes sagradas antiguas y las herramientas modernas de la sugestión, configurando un camino orientado tanto a la curación integral como al desarrollo espiritual. Más que un método terapéutico, la Medicina Oculta constituye una vía de autocultura, dominio consciente de la voluntad y expansión progresiva de la conciencia.
Entre las aplicaciones más delicadas del magnetismo se encuentra el tratamiento de obsesiones producidas por larvas astrales. Estas entidades, formadas por emociones intensas como el miedo, la cólera o los remordimientos persistentes, se adhieren al cuerpo astral del individuo y se alimentan de su energía vital. Para neutralizarlas, el magista dispone de dos métodos principales. El primero es la acción indirecta, que reproduce simbólicamente la traba fluídica en un soporte material y la modifica mediante pases hipnóticos y sugestivos. El segundo método es la acción directa, propia de la magia ceremonial, que recurre a círculos protectores, armas rituales y fórmulas consagradas para disolver la entidad parasitaria.
El magnetismo, el hipnotismo y la sugestión poseen múltiples aplicaciones en la vida práctica, terapéutica y espiritual. En el plano personal fortalecen la voluntad, corrigen hábitos y permiten orientar la energía hacia fines constructivos. En el ámbito social potencian el magnetismo personal y la capacidad de influir con presencia, coherencia y convicción. En lo terapéutico se emplean para aliviar trastornos de origen psico-nervioso, restaurando la armonía interior y liberando bloqueos emocionales. Y en el plano iniciático constituyen herramientas de expansión de la conciencia, acercando al practicante al conocimiento de lo invisible y estableciendo los cimientos de una auténtica ciencia sagrada.